Varices en mujeres después de los 40: lo que nadie te cuenta y cómo prevenirlas

Al llegar a la mediana edad, muchas mujeres empiezan a notar cambios en su cuerpo que antes pasaban inadvertidos. Uno de los más comunes son las varices, esas venas dilatadas y visibles que pueden generar molestias físicas y, en muchos casos, afectar la autoestima. Aunque no siempre representan un problema grave de salud, sí son una señal de que la circulación venosa no está funcionando de manera óptima.

Las estadísticas muestran que más del 50% de las mujeres mayores de 40 años presentan algún grado de insuficiencia venosa crónica (IVC), y que la prevalencia aumenta con la edad. Sin embargo, lo que pocas saben es que las hormonas, la genética y el estilo de vida juegan un papel determinante en su aparición.

En este artículo exploraremos las causas menos conocidas, los síntomas iniciales que suelen pasarse por alto y, lo más importante, qué se puede hacer para prevenir y cuidar la salud venosa en esta etapa de la vida.

 

¿Por qué aparecen más después de los 40?

Las varices se forman cuando las válvulas de las venas —estructuras que permiten que la sangre suba hacia el corazón— se debilitan o dañan. Esto genera un retroceso de la sangre (reflujo venoso) que aumenta la presión dentro de la vena, provocando su dilatación.

En las mujeres mayores de 40 años confluyen varios factores:

  1. Cambios hormonales
    Los estrógenos y la progesterona, hormonas clave en el ciclo reproductivo, tienen un efecto directo sobre la elasticidad de las venas. Durante la perimenopausia y la menopausia, sus niveles fluctúan o disminuyen, lo que puede debilitar la pared venosa y facilitar la aparición de varices.
  2. Factores genéticos
    Si la madre, abuelas o hermanas han tenido varices, el riesgo aumenta significativamente. La genética influye en la calidad del colágeno y la fuerza de las válvulas venosas.
  3. Estilo de vida sedentario
    Permanecer mucho tiempo de pie o sentada reduce el retorno venoso. El sedentarismo, además, contribuye al sobrepeso, otro factor que aumenta la presión en las piernas.
  4. Embarazos previos
    Cada embarazo incrementa el riesgo de insuficiencia venosa, debido al aumento del volumen sanguíneo, la presión abdominal y los cambios hormonales.
  5. Edad y pérdida de elasticidad
    Con los años, los tejidos pierden firmeza y las venas no son la excepción. Después de los 40, es más común que se manifieste lo que ya estaba “silencioso” desde antes.

Síntomas tempranos que no debes ignorar

Muchas mujeres creen que las varices solo importan cuando se ven en la piel, pero los síntomas pueden empezar mucho antes de que sean visibles:

  • Pesadez o cansancio en las piernas al final del día.
  • Hinchazón en tobillos, especialmente después de estar sentada o de pie por horas.
  • Dolor tipo “calambre” nocturno.
  • Picazón o ardor en la piel de las piernas.
  • Aparición de “arañitas” (telangiectasias) que pueden ser una señal temprana de insuficiencia venosa.
 

Ignorar estas señales puede llevar a que el problema avance hacia varices más grandes, cambios en la piel (manchas marrones, endurecimiento) e incluso úlceras venosas en casos graves.

¿Cómo prevenir las varices después de los 40?

Aunque los factores genéticos y hormonales no se pueden modificar, sí existen estrategias que ayudan a retrasar su aparición y reducir sus molestias:

  1. Mantenerse activa
    • Caminar al menos 30 minutos diarios estimula la circulación.
    • Ejercicios como natación, bicicleta estática o yoga favorecen el retorno venoso sin impacto excesivo.
  2.  Evitar el sedentarismo prolongado
    • Si tu trabajo requiere estar sentada o de pie, mueve los pies, haz pequeñas pausas cada hora y eleva las piernas cuando sea posible.
 
  1. Controlar el peso corporal
    • El exceso de peso aumenta la presión sobre las venas de las piernas. Una dieta rica en fibra, frutas, verduras y baja en azúcares refinados ayuda a mantener un peso saludable.
  2.  Usar medias de compresión
    • Son una de las herramientas más efectivas para prevenir la progresión de las varices, pues ayudan a mejorar el flujo sanguíneo en las piernas.
  3.  Cuidar la piel y la hidratación
    • La piel hidratada y el consumo suficiente de agua mejoran la salud vascular.
  4.  Evitar el calor excesivo
    • Saunas, baños muy calientes y exposición prolongada al sol pueden dilatar aún más las venas.

Opciones de tratamiento

Cuando las varices ya están presentes, existen diferentes alternativas según la severidad:

  1. Tratamientos conservadores
    • Medias de compresión graduada.
    • Cambios en el estilo de vida (actividad física, control de peso).
    • Fármacos flebotónicos en algunos casos, que ayudan a mejorar la sensación de pesadez y dolor.
  2.  
  3. Escleroterapia
    • Consiste en inyectar una sustancia dentro de la vena afectada para cerrarla progresivamente. Es ideal para varices pequeñas y arañitas.
  4.  
  5. Cirugía venosa o procedimientos mínimamente invasivos
      • Láser endovenoso o radiofrecuencia: cierran la vena enferma desde dentro mediante calor.
      • Cirugía convencional: Retirar la vena dañada
 

El tipo de tratamiento dependerá de la evaluación clínica y ecográfica que haga el especialista en cirugía vascular.

Más allá de lo estético

Es importante resaltar que las varices no son solo un tema estético. Si no se tratan, pueden llevar a complicaciones como:

  • Flebitis (inflamación de la vena).
  • Trombosis venosa superficial.
  • Cambios crónicos en la piel de las piernas.
  • Úlceras venosas difíciles de cicatrizar.

Por eso, la recomendación es consultar al especialista antes de que el problema avance, incluso si las molestias parecen leves.

conclusiones 

Las varices después de los 40 son comunes, pero no inevitables. Entender sus causas, reconocer los síntomas tempranos y aplicar estrategias preventivas puede marcar una gran diferencia en tu calidad de vida.

Tu salud venosa es también un reflejo de tu estilo de vida: moverte, cuidarte y escucharte es la mejor forma de mantener tus piernas fuertes y ligeras en esta etapa de transformación.

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